Nada de lo que escribo llega a ser yo. Nunca releo entradas del diario precisamente porque se que no me van a aportar un reflejo veraz de lo que soy y sobre todo, no me van a dar información util sobre lo que puedo llegar a ser. Todo se produce por el contrario aquí mismo, el el proceso de escritura, en el propio acto de materializar. Tal esfuerzo es el que activa la dinámica de extracción de experiencia que constituye la propia vida. No soy hombre de palabras - soy nefasto hablando en público, el directo me da pavor- sino más bien de gestos, pero la escritura me resulta cómoda; a través de ella creo que soy capaz de llegar a hacer manifiesta mi mecánica de extracción vital del significado. La música o la pintura también me permiten plasmar esta aproximación tecnológica a la experiencia. Quizá sea porque sólo me fio de la sensaciones. Aun así, admiro a los comunicadores verbales. Cuando intento hablar en público parece que solo escucho mis palabras hasta tal punto que me resultan absolutamente incoherentes y ni yo mismo se lo que quiero decir. Pero la sensación, la idea -visión- está ahí presente como substancia que necesita forma, expresando una tendencia que hace evolucionar nuestras ideas previas transformandolas en algo nuevo que -con suerte- nos ayuda a mejorar como personas.
Actualidad y evasión
martes, 12 de octubre de 2010
Diario esencial
Reflexiono acerca de los pensamientos más íntimos. Aquellos que nunca llegan a ser formalizados, por escrito o a viva voz o ni siquiera formulados a uno mismo. Que se quedan en un monologo interior que es casi el ronroneo del propio cerebro en su permanente reajuste. Siempre tengo la impresión de que estos pensamientos, que son sensaciones realmente son las que constituyen el diario esencial, el auntentico registro de nuestra existencia. Ciertamente eso no les otorga mayor interés; es a menudo la formulación, la escritura en este caso la que consigue hacernos escapar del bucle -en ocasiones insoportable- del ser.
Nada de lo que escribo llega a ser yo. Nunca releo entradas del diario precisamente porque se que no me van a aportar un reflejo veraz de lo que soy y sobre todo, no me van a dar información util sobre lo que puedo llegar a ser. Todo se produce por el contrario aquí mismo, el el proceso de escritura, en el propio acto de materializar. Tal esfuerzo es el que activa la dinámica de extracción de experiencia que constituye la propia vida. No soy hombre de palabras - soy nefasto hablando en público, el directo me da pavor- sino más bien de gestos, pero la escritura me resulta cómoda; a través de ella creo que soy capaz de llegar a hacer manifiesta mi mecánica de extracción vital del significado. La música o la pintura también me permiten plasmar esta aproximación tecnológica a la experiencia. Quizá sea porque sólo me fio de la sensaciones. Aun así, admiro a los comunicadores verbales. Cuando intento hablar en público parece que solo escucho mis palabras hasta tal punto que me resultan absolutamente incoherentes y ni yo mismo se lo que quiero decir. Pero la sensación, la idea -visión- está ahí presente como substancia que necesita forma, expresando una tendencia que hace evolucionar nuestras ideas previas transformandolas en algo nuevo que -con suerte- nos ayuda a mejorar como personas.
Nada de lo que escribo llega a ser yo. Nunca releo entradas del diario precisamente porque se que no me van a aportar un reflejo veraz de lo que soy y sobre todo, no me van a dar información util sobre lo que puedo llegar a ser. Todo se produce por el contrario aquí mismo, el el proceso de escritura, en el propio acto de materializar. Tal esfuerzo es el que activa la dinámica de extracción de experiencia que constituye la propia vida. No soy hombre de palabras - soy nefasto hablando en público, el directo me da pavor- sino más bien de gestos, pero la escritura me resulta cómoda; a través de ella creo que soy capaz de llegar a hacer manifiesta mi mecánica de extracción vital del significado. La música o la pintura también me permiten plasmar esta aproximación tecnológica a la experiencia. Quizá sea porque sólo me fio de la sensaciones. Aun así, admiro a los comunicadores verbales. Cuando intento hablar en público parece que solo escucho mis palabras hasta tal punto que me resultan absolutamente incoherentes y ni yo mismo se lo que quiero decir. Pero la sensación, la idea -visión- está ahí presente como substancia que necesita forma, expresando una tendencia que hace evolucionar nuestras ideas previas transformandolas en algo nuevo que -con suerte- nos ayuda a mejorar como personas.
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