Actualidad y evasión

miércoles, 27 de octubre de 2010

Desde el desierto de signos

He llevado tiempo pensando que la vida en una gran urbe te transforma, que altera tus modos de comportarte y tu modo de posicionarte en el mundo. Tal vez sea la edad pero creo que tal idea era fruto de una apreciación romántica de la vida, de un impulso bohemio si se quiere. Obviamente el acceso a la información es mayor y hay más estímulos que pueden llegar a  influir en tu carácter y estilo pero las tendencias personales son como buques pesados que navegan lentamente y cuyo rumbo lleva tiempo establecer. Todo el mundo tiene momentos de cambio importante que tienen lugar de forma más o menos periódica e intervalos relativamente largos. Se deben principalmente a importantes cambios fisiológicos (pubertad, embarazo, desarrollo y decaimiento físico) que van sincronizados con importantes elementos sociales (escuela, universidad, mundo laboral). Hay otros sin embargo marcados por acontecimientos inesperados, afortunados y desafortunados a los que todos estamos sujetos.

Como desde una meseta entre cambio y cambio -y quien sabe, algún acontecimiento por venir- escribo este diario para trazar un mapa del camino, una localización de los oasis del desierto que me parece a mí el mundo que nos ha tocado vivir. Nueva York es la alegoría de ese mundo. Un desierto plagado de signos que son infinitos granos de arena que a veces cristalizan en hermosas rosas de piedra y otras veces te azotan la cara obligándote a buscar refugio en medio de la tormenta. 

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