Se resuelven las elecciones con una mayoría republicana. La derecha gana poder al igual que en España. Parecemos asistir a una época donde la política se balancea en el equilibrio inestable –o desequilibrio estable- de la economía. La deriva política americana, al igual que la española, se mantiene en un suspense que ya parece eterno, aunque su resolución llegará antes de que nos demos cuenta.
En toda esta incertidumbre el ciudadano adquiere la conciencia de que realmente nadie le representa y decidir por uno u otro partido político es como decidir de qué equipo de fútbol es uno. Quizá siempre fue así. A mi nunca me ha gustado el fútbol ni me he sentido nunca parte de colectivo alguno que me represente, aunque a veces me gustaría; entiendo que puede aliviar cierta parte de carga existencial.
Todo el mundo aquí es en realidad de un solo equipo que viste de blanco, rojo y azul, y tienen una fe ciega en que saldrá victorioso. No deja de ser una ilusión pero mueve a las masas. La idea que tienen aquí de Europa es de un mosaico ideológico en crisis con una economía frágil. Las cifras dicen que la situación aquí es de recesión pero no llegan a creérselo. En España se cree demasiado en ello. Nos ha tocado vivir una época difícil, pero las ha habido peores y las habrá mejores, depende de para quién y dónde.
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