Actualidad y evasión

martes, 30 de noviembre de 2010

Campo abierto

Todos los instantes parecen momentos de quiebra o redención. Una llamada, un mensaje, un colapso o una conexión neuronal insospechada pueden hacer que todo cambie, hasta el punto en el que el pasado parezca una invención, un recuerdo de otro.

Las palabras y las formas son la piel del instante que muta y se desprende ensuciando el mundo. Vivo siempre al límite, en el aire del acontecimiento, donde el lenguaje se deshace como espuma de ola. Habito ese lugar, impasible e inerme, dejando que todo se decida por sí solo o que se pierda para siempre, que se malgaste junto con el material que se desperdicia a diario en las calles.

No se quién soy en ese instante, 100% loss, decidiendo lo indecisible, deslizándome con viejas habilidades heredadas o producto de los placeres.  Reflejado en un espejo lejano y aun así reconocible como una mancha negra cuya forma borrosa es tan familiar  como el tatuaje en el brazo de mi abuelo. Como él, con la compasión en una mano y la ira en la otra, igual que un personaje del Antiguo Testamento, camino intentando no dejar demasiados rastros aunque eso hoy  sea imposible.

Echo de menos el campo abierto, sin dueño. Salvaje como los pensamientos más íntimos; al igual que ellos casi siempre inofensivo.


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