Actualidad y evasión

martes, 6 de abril de 2010

FREE


Claes Oldemburg "Free stamp"


El control sobre la transmisión e intercambio de productos culturales es cada vez más limitado, sobre todo cuando se trata de productos demandados por una mayoría. Esta, escudada en el anonimato propio de la masa, parece ostentar de por sí el derecho a experimentar "lo que otros tantos han hecho ya” como si se tratase de una especie de ley de contemporaneidad. Cuando esta situación se impone como norma, el mercado inevitablemente se ve obligado a transformarse o desaparecer. 


Pensemos en el estado de las instituciones e industrias culturales. Los museos están cada vez más asociados a una idea de patrimonio nacional o local -condicionada por el turismo- más que a la de conformar circuitos de producción cultural. La Universidad (after Bologna) pierde consistencia teórica y política a pasos agigantados, se convierte en escuela técnica de nivel superior y se aferra a un conocimiento especializado, cada vez más específico y exclusivo. La industria musical carece de escena, vive del directo de sus artistas y de los derechos de autor ya que la distribución discográfica resulta apenas viable. La industria cinematográfica se sostiene gracias a las subvenciones, a la distribución en DVD y a la creación de  tecnologías de experiencia propias del medio. 


Todas ellas se aferran a formatos o soluciones cuya seguridad está puesta en peligro constantemente. En el caso del Museo, todo el patrimonio se basa en el valor especulativo de las obras de arte, de ahí la insistencia programática de adquisición y consolidación de autores históricos. En el caso de la Universidad es el mercado de trabajo el que determina la necesidad de ciertos sectores o profesiones; pensemos por ejemplo en el número de arquitectos que hay actualmente en paro o viviendo en condiciones de supervivencia comercial, por no hablar de otras tantísimas especializaciones en Masters cuya única función es la de engordar el currículum. Es patente también el momento de reajuste que vive la industria musical, cuando tanto los formatos de escucha como los lugares y dispositivos se han diversificado a tan gran escala. El objeto CD tiene los días contados y no se vislumbra sustituto alguno que no sea el propio archivo digitalizado y puesto en circulación online; pero quién compra lo que se puede duplicar con facilidad y sin pérdidas cualitativas. Por último, el cine, ese medio propio del siglo XX, tan vinculado a la sala de proyección pública y como tantos otros sustituido por el desarrollo de las tecnologías de usuario, privadas. Recientemente escuchamos la amenaza de Hollywood de dejar de distribuir DVDs en España debido al alto índice de piratería. No creo que esa decisión tuviera repercusión alguna en los usuarios. Éstos, antes que pasar por el aro de la Industria se adaptarían, sin duda a otras formas de experiencia, doblarían ellos mismos las películas pirateadas de DVDs americanos, como por otra parte ya viene sucediendo. 



Estamos viviendo, no hay duda de ello, un cambio gigantesco de nociones como la del "derecho de autor" o el pago por la adquisición de información. El uso de la información es radicalmente específico por lo que su tributaje no puede partir de un a priori operativo. Cada reorganización de la información constituye un objeto específico, propio, donde la noción de autoría pierde bastante sentido. Algo que Duchamp ya sabía en 1917 cuando firmó un urinario invertido y le llamó "Fuente". 

2 comentarios:

  1. Creo que no hay solución que proponer porque tampoco hay problema. Si acaso problemas eventuales que se resuelven colectivamente, como los modos de evadir las imposiciones económicas abusivas de las compañías. Alternativas al modelo que pasarán por desempeñar un papel online más activo, siendo dispuestos a aportar creatividad sin que se considere un valor per se como arte, sino que desempeñe una función como forma de conocimiento

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