Una mañana
de sol radiante, amplificado por las cristaleras de los edificios, cruzo ese
río de tráfico que es Park Avenue y avanzo por la calle perpendicular donde hay
una enorme construcción. Un grupo de obreros desayunan, joviales. En un lateral
de la calzada que han habilitado para ellos han dispuesto sobre una mesa de obra unos vasos de café y varias cajas
de Dunkin donuts que devoran. El sol resplandece en sus chalecos reflectantes.
Con esa
imagen aún en mi cabeza, perdiendo luminosidad poco a poco, como si se le agotase
la batería, llego al edificio donde trabajo. Como cada día entro en el ascensor
junto con un grupo de personas. Cada uno pulsamos nuestro piso: 11, 18, 25, 31…
Escucho la conversación de dos hombres detrás de mi. Uno le pregunta al otro cómo van los negocios, a lo que responde con la frase: "small ball wins the
game", una frase usada en el baseball, que hace referencia al trabajo lento y laborioso, más efectivo en conjunto que el golpe de suerte del "home run".

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