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| David García Casado - Sandy Line |
En
Midtown Manhattan, en el centro del centro de los mapas urbanísticos de la
ciudad; adonde todo converge y desde donde todo se expele, pues ahí no puede
quedar nada. Vacío ancestral, silencio de los nativos que algún día vivieron
allí y que como un agujero negro se come toda la comunicación. Personas
solitarias que esperan a sus trenes o autobuses se encuentran tan absorbidas
por ese silencio vital que les hipnotiza y les hace olvidarse de sus teléfonos
y ordenadores. Su rostro cambia, movido por desconocidos impulsos; parece que
miran, que se ríen…, pero no. Son como gestos en un teatro de sombras chinescas,
músculos que se distorsionan para crear una ilusión de realidad que en realidad
no corresponde
Se
anuncia otra tormenta y parece que viviéramos en bucle, atrapados en la
tormenta que nunca se va, en el invierno que ni demasiado duro ni para nada
suave se empeñara en quedarse hasta hacernos aborrecer la ciudad. Por suerte o
por desgracia eso no pasará, todos hemos aprendido a detestar la ciudad desde hace
mucho, la odiamos tanto que no podemos vivir sin ella, se ha convertido en algo
inevitable.

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