El deseo de decir es el deseo de durar. Todo lo que habla dentro se desborda, necesita abrazar y frenar el trasatlántico de la conciencia.
Mi padre me contó de pequeño que frenar un trasatlántico es tan difícil que si alguien se cae por la borda pueden pasar horas hasta que se pueda dar la vuelta para rescatarlo y que para entonces ya es seguramente demasiado tarde.
Quiero escribir a velocidad de crucero, sin preocuparme de los pensamientos que se pierdan por el camino. Los frenos son una pérdida de tiempo, tan sólo es posible la deriva.
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