Perdemos intensidad cuando olvidamos la capacidad del lenguaje para convertirse en acontecimiento. Los pensamientos pasan por nuestra cabeza como nubes que parecen iguales y derivan en fuga permanente, como sueños. Dormido intento dibujar palabras sobre el cielo de la conciencia, de azul perfecto y radiante pero oscurecido como noche americana.
Las calles de Tribeca huelen todavía a pescado de hace cien años. En las ramblas del Hudson se refleja el sol del atardecer, del Oeste que me llama con luz de Western. El destino se impone pero no es posible penetrarlo de una vez, por eso lo espero despierto hasta que me olvide qué espero y me encuentre al fin con él.
----------
No hay comentarios:
Publicar un comentario