Actualidad y evasión

viernes, 29 de marzo de 2013

Small ball



Una mañana de sol radiante, amplificado por las cristaleras de los edificios, cruzo ese río de tráfico que es Park Avenue y avanzo por la calle perpendicular donde hay una enorme construcción. Un grupo de obreros desayunan, joviales. En un lateral de la calzada que han habilitado para ellos han dispuesto sobre una mesa de obra unos vasos de café y varias cajas de Dunkin donuts que devoran. El sol resplandece en sus chalecos reflectantes.

Con esa imagen aún en mi cabeza, perdiendo luminosidad poco a poco, como si se le agotase la batería, llego al edificio donde trabajo. Como cada día entro en el ascensor junto con un grupo de personas. Cada uno pulsamos nuestro piso: 11, 18, 25, 31… Escucho la conversación de dos hombres detrás de mi. Uno le pregunta al otro cómo van los negocios, a lo que responde con la frase: "small ball wins the game", una frase usada en el baseball, que hace referencia al trabajo lento y laborioso, más efectivo en conjunto que el golpe de suerte del "home run".


sábado, 23 de marzo de 2013

Sombras




Ayer los edificios mas antiguos de la parte vieja parecian tener una extraña apariencia animal. De nuevo leo las calles como una pantalla en la que se proyecta la auténtica realidad. Formas recortadas, un skyline de sombras en el que se lee el pasado y se interpreta el futuro de la ciudad. 

Por alguna razón me parece escuchar un lamento mudo, grave, que atrae mi mirada hacia los edificios y me inquieta el corazón. 





martes, 12 de marzo de 2013

Encuentros casuales con Philip Roth



Me encuentro con Philip Roth siempre en el mismo lugar, a la misma hora, en la interseccion de la calle 51 con Park Avenue. Va con un maletin de cuero y sombrero marrón y la determinación de alguien que ha hecho tantas veces el mismo recorrido que parece que para él ya no existiera: ni el camino ni los cientos de personas que pueblan el cruce en sus cuatro direcciones. La regularidad de los encuentros y su maletín de trabajo me hace pensar que quizá sea falso que se haya retirado definitivamente, a sus 80 años. Tal vez para él sea hora de hacer balance, otro trabajo no menos laborioso pero para el que parece estar preparado. Mirada inexpresiva, decidido, más alla de un tiempo sobre cuya desaparición ha escrito tanto.


viernes, 8 de marzo de 2013

MIDTOWN CHRONICLES

David García Casado - Sandy Line
En Midtown Manhattan, en el centro del centro de los mapas urbanísticos de la ciudad; adonde todo converge y desde donde todo se expele, pues ahí no puede quedar nada. Vacío ancestral, silencio de los nativos que algún día vivieron allí y que como un agujero negro se come toda la comunicación. Personas solitarias que esperan a sus trenes o autobuses se encuentran tan absorbidas por ese silencio vital que les hipnotiza y les hace olvidarse de sus teléfonos y ordenadores. Su rostro cambia, movido por desconocidos impulsos; parece que miran, que se ríen…, pero no. Son como gestos en un teatro de sombras chinescas, músculos que se distorsionan para crear una ilusión de realidad que en realidad no corresponde

Se anuncia otra tormenta y parece que viviéramos en bucle, atrapados en la tormenta que nunca se va, en el invierno que ni demasiado duro ni para nada suave se empeñara en quedarse hasta hacernos aborrecer la ciudad. Por suerte o por desgracia eso no pasará, todos hemos aprendido a detestar la ciudad desde hace mucho, la odiamos tanto que no podemos vivir sin ella, se ha convertido en algo inevitable.  




domingo, 10 de febrero de 2013

Piece of mine




Thoughts can't buy the dreams
Dreams cannot buy the time
Not in a thousand lives

Hearts beat false
Our name is misspelled in the book of souls
It's there but it is lost

Ghosts they pass us by
They don't even look at us
We're nothing but a cast

The sound, the light,
The mood is gone and it won't be back
Just like a piece of mine

viernes, 8 de febrero de 2013

En lo turbio



No sabría decir con certeza cuando Nueva York dejó de ser una ciudad para convertirse en un aglomerado híper-condensado de civilización, un lugar sometido al movimiento perpetuo y al terror a la interrupción, bajo la amenaza de ser expulsado del sueño dinámico del futuro. El huracán Sandy dejó a una mitad en la oscuridad durante una semana y algunos volvieron momentáneamente al pasado, para descubrir que éste ya no estaba allí. Todo ha cambiado y, hoy por hoy, sin electricidad sólo parece existir un limbo, una especie de purgatorio que precede a la expulsión definitiva del sueño.

La mitad oscura de Manhattan fue llamada The Blackout Zone, y ya ha sido envuelta por el devenir como una memoria a la que no se puede acceder, un desvanecimiento temporal que sólo ha dejado un levísimo trauma en los afectados, y en el que parece mejor no indagar.



En el albor del invierno se ven pasar a personas que, si estuviéramos en otra época, cautivarían la ciudad, la harían suya con extravagancia y cultura. Hoy parecen lunáticos, figuras que no han sabido adaptarse a los tiempos o lo han hecho de un modo animal, como alimañas que persisten bajo capas y capas de suciedad y experiencia. Matrimonios que se conocieron quizás en Max Kansas City, en algún lujoso penthouse o tal vez en un cine de mala muerte, hoy parecen fuera de lugar en las calles, saturadas de leds comerciales, sirenas y muchedumbres ajetreadas. Ejecutivos que se han quedado en otra época, llevan maletines de cuero marrón, abrigos en tonos claros, desafiando el omnipresente negro o azul marino, y tal vez un sombrero, que siguen usando agendas en papel e incluso tienen contestadores automáticos cuyas casettes han sido regrabadas una y otra vez hasta que los mensajes resultan casi inaudibles y el ruido de fondo se lo come todo.

Si este sitio tuviera algún afuera serían outsiders. Pero ellos están más adentro que nadie, habitan en lo turbio, en la zona inferior del gran depósito, donde las antiguas influencias reposan y de la cual la modernidad actual bebe y toma nutrientes de un modo inconfeso. Se esconden en los viejos apartamentos de ladrillo con suelos de madera gastados y donde suena la reconfortante música del vapor bufando en los radiadores. Es esa la casa donde los fantasmas se refugian, desahuciados de los nuevos edificios y apartamentos reformados de los que las capas de memoria de pasados inquilinos se ha arrancado para siempre. Memorias que han terminado tal vez en el mismo sitio que todas esas hojas de información bancaria y datos personales, hechas pedacitos por los camiones de triturado profesional de papel que se emplean para evitar el robo de identidad. Un lugar turbulento porque es el reducto de lo que no tiene ya razón de ser y ha sido deshecho, como la arena de las playas que Sandy horadara sin contemplaciones, hasta que ha perdido toda identidad que pudiera alguna vez ser robada. Un fondo común, no visible pero sin el cual todo este tinglado se desmoronaría provocando un cataclismo sin precedentes. Un lugar turbio porque es donde lo perdemos todo y ganamos la densidad adecuada para ser por primera vez opacos y, como todo fundamento, dejamos de aspirar a la claridad perfecta.


-David García Casado


jueves, 20 de septiembre de 2012

Hacia la pintura por la palabra (1)



Después de ordenar los lienzos, botes y frascos del estudio me huelo los dedos, impregnados ligeramente de aceite de linaza, y diversas imágenes se agolpan en la memoria como bestias blandas, casi transformando mi realidad circundante, decididamente alterándola o tal vez simplemente volatilizándola. Imágenes de otros lugares, cuartos para pintar, desangelados espacios que fui llenando de objetos de naturaleza mortecina a los que la pintura habría de insuflarles algún tipo de vida o de la presencia que, por el paso del tiempo o la falta de uso, habían perdido.
Pesando en ello, mis sentidos se saturan de una nostalgia fetichista del color, el pigmento, la mezcla con el aceite y las dosificaciones de barniz y trementina, el polvo de cal y los botes de pinceles, auténticos supervivientes de mil roces y lavados químicos; raquíticos palitroques con sus lacas desconchadas, más bellos que nunca. Por no hablar de los trapos, las suavísimas telas de algodón, harapos de gastadas camisetas o sábanas viejas, empapados de productos y colores en combinaciones insólitas que eran una especie de breviario, un índice de los colores y de la acción que tenía lugar en el cuadro. El cuadro, un objeto que se me muestra desplazado en el recuerdo por todos esos rituales y todo ese increíble despliegue, tan rico y tan plástico como la propia obra.
Ahora parecen más vívidos los cuadros que pinté en la experiencia, antes de siquiera tocar el lienzo con el pincel; las horas que pasé con los objetos, el cambio de luz de los días y de las horas, los cafés a medio beber en la mesa y los ceniceros con colillas de cigarrillos liados a mano de cuando fumaba, los catálogos de pintura en una pila, a veces modelos ellos mismos para un cuadro… Por alguna razón los momentos de acción no están en mi mente: las líneas liberaron a los recuerdos, las veladuras me separaron de mi conciencia. El modo en que nos acercamos y nos separamos del cuadro es una alegoría perfecta de estos modos de aproximación a la conciencia: me acerco para perderme, me alejo para ver.
La lección numero uno de pintura es encontrar la distancia adecuada. Mantenerse en el medio entre dos espacios, el real y el de la representación, aunque no esté siempre claro cuál es cuál. Extendiendo al brazo con el pincel en la mano para tocar el lienzo siempre me he sentido cual tirador de esgrima, buscando el toque perfecto. Siempre he encontrado fascinante la exquisita aproximación vertical de la caligrafía japonesa, o el modo en que algunos pintores como Pollock con la técnica del dripping o Francis Bacon con sus precisos lanzamientos de pintura fueron capaces de ser tan certeros y tan capaces de vencer sobre el cuadro, ese espacio que en ocasiones puede resultar inabordable y acorazado. Las sutiles perforaciones de Lucio Fontana son tal vez el ejemplo más exitoso de esta pequeña guerra con el lienzo. Más allá del componente visual de la obra está todo este combate que tiene lugar en el estudio, un espacio vital del que el cuadro es fragmento, ventana cuya imagen permanece detenida, congelada, como un recuerdo de todo lo que no es ella misma.

David García Casado