El lugar estaba en la ribera del rio Hudson y la humedad y el viento habían corroido el letrero metálico y anónimo que simplemente decía: HOTEL . El arquitrabe también mostraba el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Hacía décadas que los muelles de Chelsea habian dejado de ser usados para el desembarco de los grandes transatlánticos provenientes de Europa y Suramerica. En su lugar se había construido una autopista y un paseo que bordeaba todo el lado Oeste de la ciudad y se abría hacía el Norte del Estado y mas allá aún, hacia Canada. Era el lugar perfecto para alguien que estaba de paso, listo para emprender viaje en cualquier momento.
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