Bajamos al sótano en el lugar del evento donde una ruidosa recepción esta teniendo lugar; una exposición de cuadros de alguna asociación que alquila el espacio. Debido al colorido excesivo de los cuadros en las paredes, tal vez por la inadecuada iluminacion, y a la muchedumbre parloteadora, soy guiado inconscientemente hacia una zona oscura a la derecha, que se trata de una antigua sala de billar.
Hay algo en la luz vieja de la sala, en la patina del mobiliario y en el azulejo británico que me hace sentir una tranquilidad insólita, como si perteneciera mas a ese tipo de espacios que a la prefabricada comodidad habitual. Me siento en una vieja silla cuya madera cruje a cada uno de mis movimientos. Así que me quedo quieto, y me fundo con la escena.

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