Somos arrojados al porvenir como dados sin número.
Blancos lados, blanca cifra, blanca suerte.
Sin suerte o con suerte, con mano o sin mano
Golpeados o posados.
Respirando
En un fieltro de palabras
Suavísimo algodón pegado en la herida
Más profunda
El azar, por una vez abolido, responde
A nuestro instinto
Cuando reconocemos la silueta
Que nos corresponde.
Blancos lados, blanca cifra, blanca suerte
Que se decide
Contra el negro estrellado del suelo de este tren
Condenado a un recorrido repetido hasta el infinito
en su línea,
El sucio suelo, que de tan mate, llega a brillar
Y nos ilumina.