Sí, rememorar es hacer que el cuerpo vibre, que viva las sensaciones diferidas de la memoria. Los recuerdos pueden afinar o desafinar las cuerdas mágicas de muestro sistema nervioso.
La diferencia entre el sueño y la vigilia es una mera cuestión de atención, de conciencia. La conciencia bloquea la experiencia con memoria y nos protege de la vibración delirante y pura del sueño. La música es vibración y por tanto lo que más se aproxima a una conciencia liberada de la memoria. Los grandes estribillos parecen repetirse eternamente en nuestra conciencia distrayéndonos una y otra vez de la fría convención de lo real, que termina siendo en última instancia el escenario de nuestros temores y pesadillas.
La música, el arte, el amor, las dulces ficciones que van más allá de la memoria y nos conectan con la experiencia, the sweet matrix. Golden slumbers fill your eyes. Smiles awake you when you rise.
Oh yeah, alright, are you going to be in my dreams tonight?
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Actualidad y evasión
domingo, 23 de enero de 2011
martes, 11 de enero de 2011
Rememorar
“Es con nuestro pasado todo entero, incluida nuestra curvatura de alma original, como deseamos, queremos, actuamos” Henri Bergson
Hay una escena conmovedora de Dersu Uzala de Kurosawa, en la que un viejo chino se queda a solas en el frío durante horas rememorando. Ante el ofrecimiento del Capitán a acercarse al fuego Dersu dice: “no le molestes, le gusta pensar”. A veces el pensamiento no se ocupa de cuestiones prácticas, en encontrar soluciones a problemas sino que se entrega al puro deleite de la recreación de hechos pasados, se dedica a rememorar; una actividad que se me antoja distinta a la de recordar pues carece de todo impulso práctico. Tampoco se trata de un efecto melancólico pues no hay nostalgia, es puramente una forma cuasi mística de traer los espacios o los ambientes a nuestra mente, o tal vez de acudir nosotros a ellos. Al igual que el chino transcendía el frío en su cuerpo, cuando rememoramos se amplifican los olores, los colores, el tiempo y el espacio y se convierten en una mezcla enigmática que llamamos pasado, a menudo más real que el propio ahora.
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Hay una escena conmovedora de Dersu Uzala de Kurosawa, en la que un viejo chino se queda a solas en el frío durante horas rememorando. Ante el ofrecimiento del Capitán a acercarse al fuego Dersu dice: “no le molestes, le gusta pensar”. A veces el pensamiento no se ocupa de cuestiones prácticas, en encontrar soluciones a problemas sino que se entrega al puro deleite de la recreación de hechos pasados, se dedica a rememorar; una actividad que se me antoja distinta a la de recordar pues carece de todo impulso práctico. Tampoco se trata de un efecto melancólico pues no hay nostalgia, es puramente una forma cuasi mística de traer los espacios o los ambientes a nuestra mente, o tal vez de acudir nosotros a ellos. Al igual que el chino transcendía el frío en su cuerpo, cuando rememoramos se amplifican los olores, los colores, el tiempo y el espacio y se convierten en una mezcla enigmática que llamamos pasado, a menudo más real que el propio ahora.
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jueves, 6 de enero de 2011
El bosque debajo
En la biblioteca se escucha el ronroneo grave del sistema de ventilación y por momentos siento que suena dentro de mí, como si fuera el sonido de la sangre bombeándose en las venas. Diviso en las vantanas más altas una parte de un tejado y la rama de un árbol, una imagen que parece extraída de un relato de Poe. Una hoja seca grisácea baila en un extremo resistiendo a desprenderse.
La luz invernal, oblicua y radiante, posee la extraña cualidad de oscurecer los objetos. En las zonas periféricas de la ciudad el bosque se siente debajo, aplastado por un cemento y una civilización que no termina de parecer definitiva.
Me vienen recuerdos de experiencias que no he vivido; como amores imaginarios. Se diluyen en mi sistema nervioso y me provocan placeres pero también me hacen sentir en ocasiones el frío helador de una realidad que no corresponde.
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La luz invernal, oblicua y radiante, posee la extraña cualidad de oscurecer los objetos. En las zonas periféricas de la ciudad el bosque se siente debajo, aplastado por un cemento y una civilización que no termina de parecer definitiva.
Me vienen recuerdos de experiencias que no he vivido; como amores imaginarios. Se diluyen en mi sistema nervioso y me provocan placeres pero también me hacen sentir en ocasiones el frío helador de una realidad que no corresponde.
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lunes, 3 de enero de 2011
Portable oracles
Desde siempre las canciones nos acompañan como pistas paralelas al pensamiento o en ocasiones que se cruzan a él modificando su deriva y nuestro rumbo. A ese crossroads, el mismo de Robert Johnson, acudimos cuando seleccionamos una canción y escuchamos en su letra nuestra historia, a punto de suceder.
Hay canciones que nos han hecho tomar decisiones importantes, sobre las que nos hemos montado como en un trineo. Un trineo que la historia entierra pero que siempre está ahí, como Rosebud, en lo más íntimo del ser, asociadas a recuerdos que no son memoria sino sensación, que son secretos porque son indecibles. Las reproducimos en discos que giran, oráculos portátiles que nos explican nuestra vida como canción pasajera, aunque su estribillo siempre parezca eterno.
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Hay canciones que nos han hecho tomar decisiones importantes, sobre las que nos hemos montado como en un trineo. Un trineo que la historia entierra pero que siempre está ahí, como Rosebud, en lo más íntimo del ser, asociadas a recuerdos que no son memoria sino sensación, que son secretos porque son indecibles. Las reproducimos en discos que giran, oráculos portátiles que nos explican nuestra vida como canción pasajera, aunque su estribillo siempre parezca eterno.
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